EL AMOR – CAPÍTULO 12 DEL LIBRO LA SEMILLA

Tal y como yo lo definiría “el sentimiento más puro y el sentido de la vida”.
Dicen que todo en exceso es malo. Pero también dicen que siempre hay una excepción. En este caso, El Amor es esta excepción. Y cuanto más abusemos, mejor. Hay que amarlo todo. El Amor debe emanar de nosotros en cualquier situación.
Si todo es Dios, si Dios está en mi y yo estoy en Dios, entonces, todo lo
que existe soy yo. Amarse a uno mismo es amar a la totalidad de la
existencia.
Todo pensamiento, sentimiento, acto, palabra o emoción positiva hacia
cualquier integrante de la existencia, de la vida, representa algo bueno
hacia nuestra persona. Al igual que lo negativo, representa un daño que nos
hacemos a nosotros mismos.
Un virus dentro de un cuerpo puede campar a sus anchas y, si quiere, puede
dañar a ese organismo. Pero si sigue dañándolo hasta acabar con ese cuerpo
que le sirve de sustento para su existencia, entonces, llegará un momento
en que su inconsciencia le llevará a acabar con la vida de ese cuerpo y, por
ende, con su vida. Eso es lo que estamos haciendo los humanos con el
cuerpo que nos permite vivir, con el Planeta.
Enamorarse es una de las experiencias más sublimes que podemos sentir a
lo largo de nuestras experiencias. No existen palabras para describirlo,
aunque sí existen palabras lo suficientemente hermosas como para que sean
capaces de encender la llama del Amor.
El Amor es algo que no tiene ni principio ni fin. Es algo que llevamos
dentro, esperando a recibir el estímulo necesario para prenderlo. Es como
una semilla esperando a que le caiga un poco de agua para poder crecer. Al
estar conectados al hemisferio izquierdo, que únicamente nos hace ver la
vida como un Mundo de percepciones, solemos identificar ese agua que
nos cae, ese estímulo, esa persona a la que dirigimos el Amor, como el
Amor en sí.
Hacemos físico aquello que sentimos y, como consecuencia, este supremo
sentimiento lo solemos identificar con la persona hacia la que lo dirigimos.
El Amor ni viene ni se va con nadie, siempre está dentro de cada uno.
Lo que hacemos, es esperar a que ese agua llegue para hacer crecer la
semilla que llevamos dentro. Esto lo que hace, es crearnos una fuerte
dependencia hacia los demás y, cuando estas personas desaparecen de
nuestras vidas, se crean fuertes nudos en nuestro interior; capaces de hacer
que esa semilla se vuelva inerte.
Volvemos a equivocarnos en el orden. Los sentidos físicos sólo nos pueden
traer cosas físicas. Aquello que llevamos dentro, esos sentimientos que no
podemos ver, nos traerán sentimientos. Debemos sentir.
Los arroyos, por sí mismos, no pueden llegar a los océanos. Pero si se
unen, formarán ríos que serán capaces de llegar a cualquier lugar. Si
empezamos a regar dentro de nosotros la semilla del Amor; se formarán
dentro de nosotros esos arroyos y atraerán a otros arroyos que se unirán
para formar un río que nos lleve, unidos, hacia el gran Océano. Formemos
ríos de Amor y reguemos el Mundo con nuestras aguas.

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